La aventura de ser maestro.
El texto “La aventura de ser maestro” me hizo recordar mis inicios como maestra, también sentí temor al enfrentarme con un grupo numeroso de jóvenes de quinto semestre que se preguntaban si yo era la nueva maestra pues estaba (sigo siendo) joven, me preocupaba conocer y explicar los contenidos temáticos de la asignatura. También transpiré involuntariamente. Y me preguntaba si mis clases estaban mejorando, o de plano dejaba por la paz ésta noble profesión. El caso es que ya tengo trece años en el Colegio de Bachilleres. Quiero mencionarles que nunca pensé que la carrera docente fuera un malestar. Pues a mi me gustaba y me sigue gustando la enseñanza, claro que me di cuenta que me faltaban estrategias, dinámicas, materiales didácticos y todo aquello que se vincula con las clases. Y he participado en diferentes cursos con la finalidad de aprender y mejorar.
El documento tiene diversos puntos de discusión, sin embargo me agradaron las reflexiones sobre pensar y sentir y hacer pensar y sentir. La atmosfera en el salón de clases es esencial. El objetivo es ser maestro de la humanidad…
También me hace replantear el sentido de las clases, qué les voy aportar, qué espero conseguir de que les va a servir, cuál es su realidad, etc. Mi compromiso sigue latente, por eso en el ánimo de conocer más sobre la reforma y de saber hacia donde vamos me inscribí a ésta especialización, por eso hoy me resulta muy agradable encontrar este tipo de experiencias, y sobre todo tener la libertad de decir no lo he realizado muy bien mi trabajo, pero se presenta la oportunidad de mejorar.
Cuando los alumnos cambian de semestre y nos buscan para hablar sobre situaciones personales, reflexionas sobre la influencia positiva que les has dejado… entonces sonríes y lo vuelves a intentar.
Atte
Maritza Barrera
El texto “La aventura de ser maestro” me hizo recordar mis inicios como maestra, también sentí temor al enfrentarme con un grupo numeroso de jóvenes de quinto semestre que se preguntaban si yo era la nueva maestra pues estaba (sigo siendo) joven, me preocupaba conocer y explicar los contenidos temáticos de la asignatura. También transpiré involuntariamente. Y me preguntaba si mis clases estaban mejorando, o de plano dejaba por la paz ésta noble profesión. El caso es que ya tengo trece años en el Colegio de Bachilleres. Quiero mencionarles que nunca pensé que la carrera docente fuera un malestar. Pues a mi me gustaba y me sigue gustando la enseñanza, claro que me di cuenta que me faltaban estrategias, dinámicas, materiales didácticos y todo aquello que se vincula con las clases. Y he participado en diferentes cursos con la finalidad de aprender y mejorar.
El documento tiene diversos puntos de discusión, sin embargo me agradaron las reflexiones sobre pensar y sentir y hacer pensar y sentir. La atmosfera en el salón de clases es esencial. El objetivo es ser maestro de la humanidad…
También me hace replantear el sentido de las clases, qué les voy aportar, qué espero conseguir de que les va a servir, cuál es su realidad, etc. Mi compromiso sigue latente, por eso en el ánimo de conocer más sobre la reforma y de saber hacia donde vamos me inscribí a ésta especialización, por eso hoy me resulta muy agradable encontrar este tipo de experiencias, y sobre todo tener la libertad de decir no lo he realizado muy bien mi trabajo, pero se presenta la oportunidad de mejorar.
Cuando los alumnos cambian de semestre y nos buscan para hablar sobre situaciones personales, reflexionas sobre la influencia positiva que les has dejado… entonces sonríes y lo vuelves a intentar.
Atte
Maritza Barrera
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